Sira llegó a casa y se puso a cenar. Durante la cena estuvo como ausente. No pronunció ni una palabra, y es que su mente estaba recordando todo lo sucedido aquella tarde. Una tarde perfecta que quedaría para siempre en su mente, aunque le faltaba algo. Un beso. Ese beso que tanto deseaba Sira.
Terminó de cenar y se estiró en la cama. Seguía pensando en todo lo que había pasado, no podía evitarlo. Su sonrisa, su voz, su olor y sobretodo, esa mirada. La manera en que la miraba a los ojos de manera tan profunda que la ponía de los nervios. Era difícil aguantarle esa mirada. La melodía de llamada de su móvil la despertó de sus pensamientos. Era Alex. De repente se levantó de la cama, nerviosa. Respondió.
- ¿Alex, que pasa?
- Hola Sira, ¿cómo estás?
- Emm… bien… Nos acabamos de ver hace poco más de una hora Alex. ¿Qué dices? – Sira lo notaba raro. ¿A qué venía esa llamada ahora?
- Sí, ya.. Lo sé.. Bueno, simplemente, me apetecía hablar contigo. He pasado una tarde perfecta contigo y quería agradecértelo una vez más. Sabes que no estoy pasando por un buen momento y has conseguido que olvide todo lo malo.
Sira abrió los ojos como platos. Era raro todo eso.
- Ahh… Bueno, sabes que estoy aquí siempre, para lo que necesites y hoy me necesitabas más que nunca así que, ahí he estado.
- Sí.. Gracias Sira de verdad. Te quería decir algo, pero no sé como… - Se quedó en silencio durante unos minutos.
- Dime.
- Bueno… nada ya hablaremos en otro momento, me voy a dormir que estoy muy cansado. Buenas noches Sira.
Desconcierto total. ¿Qué le estaba pasando? Estaba realmente MUY RARO.
- Uy, Alex. Estás un poco raro.. Bueno, buenas noches. ¡Un beso!
- Un beso princesa, te quiero. – Y colgó de inmediato.
Sira se quedó sin palabras, sin respiración. Princesa. Te quiero. RARO…
Se sentó de nuevo en la cama intentando asimilar la conversación que acababa de tener con Alex. En el fondo tenía una gran emoción dentro. La manera en que le había tratado le daba a entender que podía sentir algo, pero pensándolo bien, quizás era una manera de agradecerle todo lo que había hecho por él y mostrarle cariño.
No podía quedarse de brazos cruzados, así que después de mucho pensarlo, decidió mandarle un whatsapp: “Alex, ¿te pasa algo? Te he notado un poco raro…” .
Estuvo esperando contestación, pero a pesar de que vio que lo había leído, no hubo respuesta. Eso le confirmó por completo que Alex estaba completamente extraño y le daba un atisbo de esperanza. Estaba muy contenta.
Se pasó la noche dando vueltas en la cama. Pensando en todo lo que Alex le había dicho por teléfono, en el tono apagado de su voz. En esas palabras que nunca creía que iba a escuchar de su voz, dirigidas para ella. Princesa. Esbozó una gran sonrisa. Después de varias horas, consiguió dormir un poco.
A la mañana siguiente, lo primero que hizo al despertarse fue mirar el móvil. Ni rastro de Alex. No podía aguantar ni un segundo más sin noticias de él después de todo lo que había pasado el día anterior. Llamó a su móvil. Sin respuesta. Llamó a su casa.
- Hola, ¿Quién es?
- Hola señora Carmen, soy Sira. ¿Está Alex?
- ¡Ah, hola preciosa! Sí, está en su habitación, ahora te lo paso.
Sira esperó unos minutos, largos.
- Emm.. ¿Sira?
- Sí, dime – Era Carmen, no Alex…
- Ahora mismo no se puede poner, está… ocupado. Ya le digo que te llame, ¿de acuerdo?
- Ah.. De acuerdo. Gracias. Un beso…
- Un beso, adiós.
Decidido. Algo le pasaba a Alex con ella. Nunca se había negado a cogerle el teléfono de esa manera. Su alegría se tornó tristeza. ¿Estaba enfadado por algo?
-¡¿Cómo?! – exclamó Sira – No puede ser…
- Sí, la distancia había enfriado lo nuestro, y aparte, ayer me confesó que durante mi viaje se acostó con otro.
- ¡¡¿Qué?!! Pero… Esta tía… Sabes que ha sido de mi agrado, pero esque ahora… Alex… Lo siento.
Ante la reacción de Sira, Alex sonrió tímidamente.
- No tienes nada que sentir Sira, y cálmate, estoy bien. Cuando volví y la vi de nuevo me di cuenta de que no sentía lo mismo. Lo hablamos pero decidimos seguir intentándolo, pero no podíamos seguir más con esta mentira. Ella no me quiere hace tiempo y yo a ella sí, pero no lo suficiente para tener una relación y aguantar sus celos, y ahora menos que sé que me ha puesto… los cuernos…
En aquel momento Sira se sentía muy feliz, pero a la vez triste. No le gustaba ver mal a Alex y aunque él dijera que no, ella sabía que no estaba del todo bien.
- Bueno, no hace falta que te diga que estoy aquí para lo que necesites- le dijo sonriendo a Alex.
Alex sonrió y se fundieron en un abrazo. Siguieron hablando de como habían pasado el día y durante esa conversación vio algo nuevo en los ojos de Alex. La miraba de una manera diferente a como lo había hecho hasta ahora y so le dio algo de esperanzas. Aunque sabía que era muy difícil que Alex se enamorara de ella, eran muy iguales. Se despidieron y quedaron en verse al día siguiente con más calma para hablar y volver a recordar viejos tiempos. Tardes de paseo por la ciudad llenas de risas. Sira lo necesitaba y ahora Alex también.
Sira subió a casa con una gran sonrisa, la cual no pasó desapercibida por sus padres después de haber pasado todo el día anterior tan seria y callada.
Estaba deseando que llegara el día siguiente para pasar la tarde con él, así que en cuanto cenó se fue a la cama, estaba agotada.
Se despertó contenta y con mucha energía. Se pasó la mañana escuchando música, bailando y cantando. Quedó con unas amigas para comer juntas y luego ir directamente al encuentro con Alex. Se pasó una hora arreglándose, quería estar perfecta, aunque a la vez se sentía ridícula. Solo era su mejor amigo.
Llegó la hora. En cinco minutos tenía que estar en el parque de enfrente del restaurante donde había comido. Se despidió de sus amigas y salió directa al parque. Se sentó en el banco donde habían quedado y se puso a mirar el móvil mientras le esperaba. Empezó a mirar fotos de ella y Alex hacia unos años y se le dibujó una gran sonrisa. Eran recuerdos preciosos. Pero su voz interrumpió sus pensamientos.
- ¿Qué es lo que te hace tan feliz?
Sira levantó la vista y lo vio. Se quedó pasmada al verle, recién duchado, con esa sonrisa y la manera en que la miraba.
- Mmmm… ¡Tú! – sonrió Sira. Se levantó y se dieron dos besos.
Se les notaba nerviosos a los dos. Hacía tiempo que no quedaban a solas y ya no era lo mismo ya que Sira estaba loquita por él.
Pasaron una tarde maravillosa. Sonrisas, miradas cómplices y confesiones. Llegó el momento de despedirse, y después de esa gran tarde, Sira sintió unas ganas inmensas de besarle. Le tenía delante, estaba realmente precioso y esa mirada le decía que podía hacerlo. Bajó la mirada, no podía.
- Ha sido una tarde fantástica Alex, gracias. Necesitaba esto.
- Gracias a ti pequeña, eres increíble. – dijo Alex.
Esas palabras salieron de lo más profundo de su corazón. Alex estaba confundido. Creía que empezaba a sentir algo por ella, pero no quería precipitarse. Acababa de dejar la relación con Katia y el cariño de Sira le estaba confundiendo.
Sira no sabía que decir, esas palabras, esa mirada…
- Emm… bueno… me tengo que ir ya. Es tarde. – dijo Sira mirando el reloj. Se sentía ridícula después de decir eso.
Alex rió.
- Bueno, pues nada… Hasta mañana peque. – dijo Alex entre risas.
Se abrazaron una vez más. Abrazos que cada vez iban a más. Abrazos que dejaban el olor de Alex grabado en la mente de Sira y viceversa. Abrazos que pronto, cambiarían sus vidas.